profesando mi fé (revisited)

Daniel: ¡Abre los ojos! Ya estas ahí, es tu momento. El lugar no lo es todo, ni el tiempo, ni la forma: nada es tan valioso como para cambiar por tu sonrisa. No importa de quién fueron todas las decisiones que te arrastraron al punto desde el cual ves el mundo hoy; desde ahora, serán todas tuyas. Eres fuerte, y lo debes creer. Yo creo en ti, incondicionalmente, siempre. No importa donde, ni cuando, ni porqué. Las razones quedan en el pasado, y el futuro seduce sin medidas. El presente importa más; el presente es lo único que puedes decir que es tuyo, inevitable e inconfundiblemente tuyo. Te puedo prometer para hoy y talvez para mañana, todas las flores que pueda haber en mi jardín. Te doy mi amor, mi amistad, mi admiración, mi respeto, mi todo. Hoy te lo doy, y mientras compartamos el presente, te lo seguiré dando porque creo en tu mirada que me promete lo mismo exactamente. Creo en la honestidad con que hablas, con que actuas, con que vives. Por esta fé inmensa que te tengo es que te digo, abre tus ojos y tus alas y déjate llevar. Yo te cuido.

Cass: ¡Abre los ojos! Tu que puedes volar y a ratos te niegas a salir de casa. Admiro tu voluntad para correr sin mirar atrás, para saltar cada día más alto, para no dudar ni un segundo. Pero últimamente ya no veo más que rastros de todo aquello. No puedo ver tu rostro pero escucho tus lágrimas desde muy lejos. Detesto como no tienes idea que un árbol tan pequeño haga sombra sobre una flor silvestre y hermosa como tu. Tenemos el mal de darle importancia a aquellas espinas que han probado que no la tienen. Quítate esos clavos de las manos y úsalos mejor para construir la vida que te mereces. No importa que tan lejos te lleve la vida, sabes que siempre puedes regresar con nosotros.

¡Abre los ojos, Patau! Tienes el mundo a tus pies, y a veces las lágrimas no te dejan ver. Puedes estar orgullosa de tantas cosas y no lo estás porque no crees que algo tan bueno y puro pueda salir de tu alma, de lo más íntimo de tu ser. Hoy te lo digo: si puede, y lo ha hecho desde el primer día que te vi. Ofreciste tu mano sin buscar nada a cambio. Yo te di cuanto pude y creo que aun así no ha sido suficiente. Mi misión será de ahora en adelante, hacerte creer, hacerte olvidar las sombras y recordar esos detalles que hacen una vida. Estoy segura de que el rumbo que escojas te llevará lejos de todo y cerca de algo que si puedas llamar hogar.

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