Muy casual y sin fé en nada

Amigo:?.. En fin.

Ayer te saludé muy casualmente como si no hubieran existido estos últimos meses, como queriendo creer que aun existía algo a qué abrirte los ojos, que aun había razones. Platicamos un rato, muy amenamente, y algo hizo click dentro de mi. Esos meses SI pasaron, esa distancia SI existe.

Me sigues cayendo bien, no digo que no. Pero más allá de eso y de que nunca podré ser fría contigo pues, a pesar de todo, te aprecio sinceramente, perdiste ese “algo” que un día tomaste por prioridad y después lo decidiste ignorar. Lo perdiste porque nunca te moviste un centímetro por buscarlo.

Quise pretender que aún creía en ti, escribiendote como parte de mi historia, parte de mis buenos deseos; quise profesar mi fé en ti. Pero algo no estaba bien en esas líneas que escribía: eran mentiras caprichosas de una niña ingénua y necesitada de tu atención, una niña que ya no soy. Ya no tengo fé en tí.

Ahora te hablo sin pedir una respuesta, y ni siquiera me duele decirlo. Así eres y así somos. Esperar que me pidieras perdón o que arreglaramos algo sería demasiado, y yo ya esperé un buen tanto. Hoy distingo claramente lo que significa ser tu amiga, y soy más feliz.

Seguiremos siendo muy buenos amigos, de esos que se preguntan la tarea y hasta se saludan en la mañana. Siempre estaré ahí, y tu también.

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