Collateral damage

A veces la angustia le gana a la euforia. Se te van las ganas, todo te parece mal, se apagan las lucesitas. A veces no tienes ganas de pararte de tu cama, de ver gente, mucho menos de sonreírles sin razón alguna. Las cosas que haces “porque sí”  ya no existen.

Es como cuando tienes una gran pila de libros frente a tí. No hay nada malo con ellos, pues te encantaría descubrir todo lo que tienen que ofrecerte, quieres ver cómo te harán crecer. Pero hoy sabes que nunca los vas a terminar, son demasiados. Son tantos que no te atreves a acercarte. Tienes miedo de que no te alcance la vida, tienes miedo de la gran responsabilidad que representan.

Hoy no existo. En suspiros y en estas letras es que doy la ilusión de estar, pero hoy me fui. Me fui porque mi alma está muy pesada, y yo nunca he tenido muy buena condición. Hoy ya me voy de esta hoja que tampoco existe para no evaporarme, gastarme en el relato de la imposibilidad.

Y al final de todo esto, se que simplemente te extraño. Todo lo demás es mero daño colateral.

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