Cargando un librero

Hoy es de esos días en que ya no se puede más. Voy cargando una gran gran pila de libros. Unos quiero leer, otros tengo que leer, y otros más son libros de otras personas que por alguna razón terminan en mis manos. Mis manecitas frágiles que hoy piden descanso. Mis brazos duelen, literal y metafóricamente. Esto de andar cargando libros – grandes y pequeños, y medianos también – no es tan agradable después de un rato. No los quieres ni ver.

Mis amigos estan por ahí, pero camino sola. Camino sola pues son mis libros, es mi responsabilidad ir con ellos a todas partes hasta que los termine de leer. No es obligación ni responsabilidad de nadie leerlos por mí, pero es que mi mente ya no quiere registrar ni una sola página más. Tengo sobrecarga de emociones, de responsabilidades, de compromisos, de cosas qué lograr y alcanzar. Hoy es uno de esos días en que quiero botar todos los p..ches libros al suelo y ya. Sé perfecto que sería estúpido, después de todo este tiempo, pero a veces me gana el cansancio, el bloqueo, el estrés, el tiempo, las ganas. ¿No se suponía que los libros eran para disfrutarse?

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