Talk Shows on Mute

Hoy me siento feliz por la falta de palabras. Me imaginé escenarios, personajes y hasta vestuarios, pero no hay diálogos en esta tragedia de lo absurdo de la que soy partícipe. Me hace tan feliz, que parece ridiculez, sarcasmo, estupidez incluso, el no tener ya más que decir. Ya todo lo importante – o casi todo, con notables excepciones de esas mariconas que se hacen para no herir sentimientos, para no ser políticamente incorrecta uno que es tan decente – se dijo, y lo que no se dijo es porque a nadie le hacía siquiera cosquillas el asunto en primer lugar.

Es un sentimiento agridulce, pero actualmente me sabe a pura miel, eso de verse en el acto final, la última y melodramática escena, y que, literalmente, no haya palabras. Entre las que ya se gastaron mucho, las que tuvieron tan mal uso que hasta asco da usarlas, las que sobra decir y todo el montón de adjetivos, cumplidos e insultos que no interesan, para el acto final no hay más decodificaciones que hacer. Las personas que tenían algo que saber lo saben, los que no pues no.

Me imagino perfecto despidiéndome de todos. No puedo esperar. Esto es la definición de políticamente incorrecto, ¿cómo oso decir que no puedo esperar a decirle adiós a todos? Los que se sientan ofendidos por esto es que no me conocen de verdad. Por supuesto que me va a costar uno y medio de mis inexistentes huevos despedirme, y la gente con la que aplica esto último sabe quién es, pero me da curiosidad. Me emociona, me pone nerviosa, me aterroriza, me alegra, me entristece. Hay una mezcla tan bizarra de personajes que es posible pensar en todos estos sentimientos a la hora de una despedida. Pero antes que todo, tengo una curiosidad inmensa acerca de qué se dirá, qué se dirá sinceramente, quién llorará de veras y quién lo hará solamente llevado por el momento o por no dejar.

Me da curiosidad el dialogo de terceros, pero también el mío. Hay gente que no tiene dedicatoria alguna en mi yearbook de vida en México, toda mi vida hasta ahora. Estuvieron y se fueron, y no hay huella que deje alguna que otra palabra nostálgica con nombre y apellido. Antes la falta de esa palabra me entristecía, pero actualmente ya no. Me hace muy feliz, pues así se cierran capítulos. Unos en catársis, otros en abrazos concluyentes, otros en puntos suspensivos y otros, simplemente, son puntos finales. No estoy diciendo que es un hasta nunca, sino más bien hasta próximo aviso. Ese libro y muchos otros claro que se pueden retomar, pero eso no me preocupa.

Nada lo hace realmente, al menos concerniente a la tan anunciada y cada vez más macabramente próxima despedida. A veces simplemente no hay palabras (It’s the end of the world as we know it… and I feel fine.) Cómo toda una futura socióloga y psicóloga amateur de las masas, quiero saber qué voy a decir cuando no tenga nada que decir, y qué dirán a eso. Luego qué diré yo. Ya se irá formando ese diálogo improvisado de teatro absurdo. Ya se verá, ya se verá.

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