Conclusiones prebautismales

Ayer fui a una plática prebautismal, una plática para prepararme mejor para ser tu madrina, pequeño. Pensé que iba a ser hora y media de escuchar las mil razones por las cuales la religión es lo máximo en el mundo y cómo todos debemos regalar nuestra sangre y dar vueltas alrededor de una fogata para honrar a un Dios que da miedo, que castiga a quien tiene sexo y premia a los que van a misa los domingos. En lugar de eso, tuve un rato interesante, de mucho qué pensar (de lo cual hablaré en otra entrada talvez). Realmente no toda la base de la religión es ignorancia, sólo hay malos intérpretes, y existe la fé. La misma fé que algunos tenemos (o intentamos tener, a pesar de las pruebas en contra) en los seres humanos, en nuestro poder de decisión. Esa misma fé es la que se tiene en un ser todopoderoso. Cosas buenas o malas pasan, pero “siempre es lo que Dios quiere”. Es una versión más vivible de nuestra propia responsabilidad, pero no por esto es menos válida. Sentí, con esta plática, que si hay puntos medios.

Es la primera vez, además, que siento que podría platicar con alguien de la Iglesia, acerca de religión, sin sentir que no tiene sentido, sin sentirme agredida por la intolerancia, por el choque.

Otra cosa que descubrí es que ya no tengo tanto conflicto con ser tu madrina. Antes pensé que estaba mintiendo. No estoy confirmada, no creo en casi nada de lo que habla la Iglesia, hace años que no voy a misa y… if I didn’t know any better, diría que en conceptos eclesiásticos, me iría al infierno por más de una razón.

Pero hoy entiendo que el gran honor (pues es un honor que me crean responsable de ello) de ser tu madrina no tiene necesariamente que ver con ser la católica perfecta, ni con hacerte el católico perfecto. Tiene que ver con creer en tí, confíar en ti, quererte, ayudarte. Tiene que ver con guiarte lo mejor que me sea posible, y tomar el lugar de acompañante cuando se requiera. Si creo que tiene que ver con el hecho de que te quiero (así como te quiere Dios, si así decides creerlo cuando crezcas y decidas tú mismo) sin importar lo que hagas, lo que seas, lo que digas. Por supuesto que prefiero que hagas lo correcto, que no hagas daño a nadie, que seas feliz de la mejor manera que tú mismo encuentres. Pero sin o a pesar de todas estas cosas, ser tu madrina para mí es que nunca te voy a abandonar o a dejar de quererte o a dejar de cuidarte.

Te quiero muchísimo, y siempre intentaré estar cerca (aun estando lejos), y ser tu madrina es tan sólo un pretexto, un nombre que le decidimos poner a un cariño naturalmente incondicional. No se va a repetir la historia, pues yo estoy increíblemente orgullosa de tenerte como ahijado.

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