Un hasta pronto al Rey Barracuda

Y que se nos van tres años. Se nos va la cotidianeidad más divertida que se ha conocido. De darle duro al estudio, de darle duro al chisme, ¿por qué no? Tres años de todo todo, de todo un poco. Tres añitos que se nos fueron. Y que se nos va también la risa de repente.

Fueron los años en los que nos encogíamos a ratos sólo para crecer mucho después de reponernos. Años en los que vimos algunos sueños florecer, madurar, otros se cayeron con estruendos, pero nunca nada que no se pudiera resolver. Tres años de verme en tí un poquito cada día que compartimos.

No le lloro a la prepa, ni le lloro a la purita nostalgia (que también es válido, pero no está en mi sangre). No le lloro a la costumbre, ni a los años, ni a la tierra ni a la amistad en el sentido abstracto. Ya he tenido mi momento para llorarle a esas cosas, y a otras ya habrá momentos. Hoy únicamente (cómo si hiciera falta más) le lloro mi mejor amiga, a la cafeinómana anónima que me habla de tocino y sexo en la misma conversación, que empaca joyería pero no cepillo de dientes. A la que me aguantó y me sostuvo tres años que se sienten como diez, de tantas frases y fotos y el cariño que se apachurró y acomodó en ese corto – asquerosamente corto, ahora que lo veo agotarse – tiempecito. A la que sabe lo que voy a decir y lo que voy a hacer y no me lo dice por no arruinarme la sorpresa. A esa niña que se nos va.

Y no es que crea que no te veré más, o que tema perder tu amistad. No es tampoco que piense que mi mundo como lo conozco se va a derrumbar, ni nada. Es algo tan simple y tan complejo y tan horrible y tan absurdo como esto: te voy a extrañar muchísimo. Voy a extrañar verte diario en la mañana, dormidísima pero lista para hacerme sonreír con alguna bobada (I couldn’t get through mondays without knowing you’re equally miserable). Voy a extrañar darte de mi Nestea y las miradas extrañadas cuando contesto el teléfono diciendo “puto!!”, las profundas reflexiones en un Starbucks (NUESTRO starbucks) acerca de las ballenas que son como bebés, de los bras con relleno de arena, de Borges (que empieza con B, y Babel empieza con B, entonces es BB, osea bebé, osease la creación). Voy a extrañar el batido de mamey (como yo) en la fondita, las películas nauseabundamente cursis de las cuales nos burlamos, el Carlos n Charlies y el camilazo.

Es la purita neta: te voy a extrañar un chingo. Y así sucede, tú te vas y yo me voy y todos nos vamos cada quien por su caminito. No te voy a perder, pero si te voy a perder un poco de vista. Eso asusta. Me acostumbraré y te acostumbrarás y nos acostumbraremos, pero aún así, no se puede evitar sentir feíto.

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