caminante por un día

Tu estrella nació y murió casi el mismo día. Pero te mereces una entrada, ¿por qué no? Todo caminante tiene aunque sea derecho a unos cuantos párrafos en su honor.

Me caías bien, sí que lo hacías. Centrado, inteligente, guapo, agradable. Me empezaste a decir una que otra cosita bonita que me hacía sonreír. Todo bien, todo bien. Hasta por un momento dije, ¿y si sí?

Pero luego empezaron las frases trilladas, el vaivén del que se quiere hacer el difícil, el asunto del poder que acompaña de repente al coqueteo arrogante. Tan bien que ibas, caray. Y ahora que voy descubriendo que te sientes parido por dioses. Lo siento pero no, lo debo decir, “ni que estuvieras tan bueno”.

Estoy convencida: los hombres que piensan que hacen lo que las mujeres quieren que hagan complican los asuntos hasta el punto en que ya ni se antoja. Te dejaste morir, y yo que tenía tantas ganas de caminar contigo.

Como diría Julieta, que lástima pero adiós.

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