December is for cynics.

Hoy no tengo nada que decir. Hoy no hay palabras cursilonas para tí. No, ni para tí tampoco. Para nadie. Hoy no tengo ganas de darle florecitas a nadie, porque luego dejan que se marchiten y uno que se esforzó en recogerlas. Que vayan a conseguirse sus propias florecitas, pues. Hoy yo guardo silencio.

Ya no quiero decir nada, pues ya lo dije todo y solo hubo eco. No voy a enseñarle a hablar a la gente, nada más eso me falta. Como niña inocente que de buena voluntad comparte sus dulces, me los quitaron toditos, se los quedaron y encima de todo los tiraron a la basura. Pero ya crecí, y no voy a llorar más. Si les sirvió de algo quedarse con todo lo que tengo, me alegro. No puedo desear el mal a alguien con quien un día (no tan remoto) quise compartir cada segundo. Sólo no quiero saber nada al respecto ya.

Hoy no quiero creer ni compartir ni sembrar ni cultivar. No veo beneficio alguno en sentir algo más que lo inmediato. Mejor solamente dar lo que se recibe, y nada más; se vive más agusto. (Si, hoy soy así de cínica, ¿y qué?)

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