El día en que cambiamos de parecer

Para todo y para todos hay siempre un día en que cambiamos de parecer. Un momento en el que algo nace, algo se rompe, el viento cambia, nosotros cambiamos. Para tí y nuestra historia, hubo día y hora exacto en el que se intercambiaron los papeles, en el que todo se reacomodó de forma apresurada y, algunos dirían, terrible.

Ese día te excusaste conmigo, te lavaste las manos y algo se rompió, simplemente se quebró. Una hora antes y yo hubiera sido la villana de la historia. Por no tener razones, o por tener muchos motivos débiles; por no conocerme en absoluto o por conocerme demasiado bien. Hubiera sido yo la villana, pero todo se quebró. Me hiciste la vida más fácil, o al menos la partida, pero el punto se perdió. El mismo punto que me hace pensar, que me hace escribir esto.

Ya no supe ni siquiera cual era el punto. Estoy feliz con como está todo. ¿Por qué importa el punto, o el día en que cambiamos de parecer? Talvez por el toque amargo que se siente en la boca. Talvez porque lo malo de voltear la espalda es que no puede uno estar seguro de que la otra persona también cambió de parecer.

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