Que nadie se mueva.

Lo tuyo fue un asalto. Tan rápido que ni supe de dónde llegaba el madrazo, ni cómo pasó ni por qué. Te vi teniéndote frente a mi. Y ahora no me puedo mover, pues la cosa se puede poner ruda. No sé si es tiempo de huir, no sé si vale la pena. No sé si me quiero mover, pues mis piernitas temblorosas nunca han sabido bien pa’ donde.

Alto ahí. Ahora tú no te muevas. Primero dime que quieres y yo veo si me detengo. Me tomaste por sorpresa, pero esta operación, para variarle, quiero controlarla yo.

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