Un Aleph para el rato cursilón

Todo se define en tiempos y espacios, situaciones que son tales porque ocurrieron un día y no otro, en este lugar y no aquel. Lo que habría sido perfecto ayer, talvez no lo sería hoy, lo que no importaba hace un año, es posible que lo haga ahora.

De la misma manera, los defectos a corto plazo se hacen grandes, a largo plazo se van encogiendo. Las heridas duelen más a veces, el paso es más pesado en ciertos lugares, en ciertos caminos de nostalgia que en otros. Lo que sabemos, lo sabremos de diferente manera en el futuro, así como lo supimos distinto en el pasado.

Es una friega – y un alivio a veces – esto de no saber. Y me doy cuenta de la imposibilidad y tormento que sería poseer una especie de Aleph – un punto desde el cual ver todos los puntos, un espacio y tiempo en el cual ver todos los espacios y tiempos -, pero debo admitir que resolvería algunos problemas en ocasiones.

Te veo y desearía haber visto, aquel día, cómo te vería hoy. Ahora ya sé ajustar un poco mejor mi vista panorámica, pero sigo sin saber de una máquina del tiempo. Y si tan sólo te hubiera visto así, en ese momento, no te hubiera quitado nunca la vista de encima.

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