Nada más que esto. Que es mucho.

No es que seas el único. Tampoco creo que seas el mejor, ni el más indicado, ni nada. Hay muchos, hay mejores, hay más compatibles. Hay todo, y a los 21 años, hay aun más. Pero pues es que de eso no se trata esto.

Es mucho más simple y superficial y estúpido. Ah, y arrogante, uffff, muchísimo. Eras mi capricho: el que no estaba seguro, el exigente, el que no me buscaba cuando otros lo hacían, el que no parecía (y resultó ser cierto) querer nada. Eras el reto, el juego, lo incómodo por lo que esforzarme un poquito, el que no estaba ya ahí. Y pues perdí el juego. No me gusta mucho perder, si te soy sincera. Es idiotísima mi molestia con este asunto, pero es tan sencilla y arrogante como esa: no me gusta perder. Con esto no quiero decir que no me gustas, pues me gustas mucho. Pero la idea de conseguirte sin tenerte desde un comienzo me gustaba aun más.

Ay de mí. Y es que de estas heridas orgullosas no me saca ni Titanic ni Sabina ni unos versos que te pudiera yo escribir (si tuviera algo que decirte). De ésta solamente me sacarán unos cuantos besos, unas cuantas copas y muchísimo grrrl power.

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