Las mariposas no saben a dónde ir.

No cabe duda que en el verbalizar las cosas está la mitad de toda solución, todo esclarecimiento. También vienen más dudas, pero son dudas más dirigidas hacia lo que realmente preocupa, lo que realmente importa.

Tú importas. Muchísimo. Mis dudas no son acerca de eso. Quisiera que lo fueran, porque cualquier otra decisión sería más sencilla si mis sentimientos no estuvieran tan decididos.

Entré ya al escabroso punto de no-retorno. Al punto en que me importa el resultado, me afecta. Al punto en que cualquier apuesta es riesgosa, pues no la estoy haciendo al cálculo, no estoy prestando atención ni a la historia ni a los pronósticos, sino al afán de que algo suceda, de que las cosas salgan bien.

Mis dudas son a largo plazo. Mi duda es, ¿existe un largo plazo? Polos opuestos se atraen, pero, ¿se quedan juntos? No sé mucho de física, ni de esto tampoco. No quiero una vez más terminar siendo la perra desalmada de la historia, la que bota todo sin más, la que se asusta y corre en busca de libertad. Pero, ¿puedo negar mis prioridades? No, no puedo. No puedo negar mi ideología tampoco; Kurt y todos los santos saben que no puedo.

El predicamento es muy grande, las apuestas altas y el corazón como de costumbre metido ahí en medio del desmadre, haciendo preguntas inapropiadas a los afectados y hasta tomando fotos con el celular. Ay, ay, cómo cambian los tiempos y los ánimos.

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