Occupy [your body]

Lejos de hablar de lo intensamente que amo mi clase de Social Construction of Sexualities (la cual está literalmente hecha para mí), compartiré algo que leí para esta clase. De lo mucho que mi maestro y mis lecturas y todo lo que es esa clase me hace sonreír, hablaré otro día. Ya más avanzado el asunto.

En la introducción de mi libro de texto venía un poema que habla millones del estado de la sexualidad actualmente y desde hace mucho tiempo. Un estado cuyas regulaciones en ciertos sentidos más relajadas nos engañan a veces, haciéndonos pensar que no está siendo regulado. Que no está siendo monitoreado, administrado.
Llevo compartiéndolo a diestra y siniestra porque implica tantas cosas que (considero yo) tan ciertas que es imposible no hacerlo.

The Occupied Territories – Essex Hemphill

You are not to touch yourself

in any way

or be familiar with ecstasy.

You are not to touch

anyone of your own sex

or outside of your race

then talk about it,

photograph it, write it down

in explicit details, or paint it

red, orange, blue, or dance

in honor of its power, dance

for its beauty, dance

because it’s yours.

You are not to touch other flesh

without a police permit.

You have no privacy –

the State wants to seize your bed

and sleep with you.

The State wants to control

your sexuality, your birth rate,

your passion.

The message is clear:

your penis, your vagina,

your testicles, your womb,

your anus, your orgasm,

these belong to the State.

You are not to touch yourself

or be familiar with ecstasy.

The erogenous zones

are not demilitarized.

 

Y, preguntarán, ¿a qué se referirá esto?

El sexo medicalizado. A través de psicología, psiquiatría, habladuría-religiosa-y-moralista-disfrazada-de-ciencia el Estado dicta qué tipo de persona, qué tipo de acto, qué tipo de motivación, qué frecuencia son “sanos”, son “deseables”, son “normales”.

El cuerpo reglamentado. Mediante habladuría directa e indirecta, mediante supersticiones es que el Estado dicta sí, cómo y cuándo está bien actuar sobre tu cuerpo.

Manejando hasta lo más íntimo y de ahí hacia afuera, es que se controla a la persona. Y, ¿qué más íntimo que nuestro cuerpo, nuestra sexualidad? La modernidad con sus doctrinas nos ha traído la ciencia como religión y la sexualidad como indicio infalible de identidad.

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