Intereses que sobran

Hay muchas cosas en la vida que me interesan, activamente. El estatus de la mujer – a no ser que jamás me hayas visto ni leído jamás antes, por obvias razones. Conor Oberst. Mi corte de pelo y el maquillaje que me pongo. Las reglas y cursos de mi universidad. En qué consiste la tarea para mañana.
Con quien se casa, tiene sexo, o si adopta el vecino no es uno de esos intereses.

Mucha gente difiere en esto. Y a que hora vengo yo a hablar de esto, pero es que sigue siendo un tema ultra relevante en la política, y yo, por el santo sepulcro (JA JA. perdón.) que no entiendo por qué. Unos días me siento que me han mentido toda mi vida y seguimos en los 1700, o que Mitt Romney va a aparecer y me confesará que todo esto era cámara escondida y que me Punkearon.

Lo que quiero decir es que no puedo creer que siga siendo una discusión. No puedo creer que a la gente le importe o sienta que le incumbe las decisiones maritales/sexuales/reproductivas del de a lado. Siempre y cuando no mate/viole/robe, no me importa con quién se meta nadie. Si le gusto al que me gusta y si respeta lo que somos, el resto del mundo es libre de hacer o deshacer sin que yo sienta la necesidad de cuestionarlo o votar respecto a sus decisiones de vida.

Y yo me pregunto, de toda esa gente conservadora en el mundo, ¿su familia es menos familia porque una pareja homosexual se case, o porque son infieles/pederastas/violentos en sus vidas? ¿Qué pervierte más la santidad del matrimonio, una pareja estable de dos mujeres que quieren consolidar su relación o matrimonios ‘modelo’ que duran 72 días? Lo mismo es con la sexualidad. La gente le sigue temiendo tanto, y al temerle tanto es que se vuelve más enredada, más temible ahora si en serio. Hay mil posibilidades en cualquier dirección, pero la sociedad está entrenada para temer al placer, al conocimiento empírico, a la libre interpretación del cuerpo.

 

Debo ser muy ingénua, muy de otro planeta, o no sé. Yo cuando leí la noticia que se había legalizado el matrimonio homosexual en Nueva York el año pasado, lo primero que pensé fue, “¡¿Apenas?!” Cuando hablo de sexo uso todos los nombres y digo todo lo que pienso y soy censurada, y yo me ofendo, me pregunto porqué. (No, no tengo Aspergers. Ya chequé.)
Supongo que me seguiré preguntando porqué como celebridad salir del clóset públicamente es siquiera necesario, porqué nadie vota a favor o en contra del matrimonio heterosexual, por qué las voces del movimiento anti-aborto son en su mayoría masculinas, si hasta donde yo sé ellos no son los que entran al quirófano, porqué es relevante a su estatus en la milicia la orientación sexual, si no va a disparar con flechas de amor sino con balas.
Muchas preguntas, y no tantas respuestas.

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