Doble negativo no hace un positivo.

Cada vez que alguien me dice que “cuando una mujer dice que NO es que sí” tengo que hacer grandes esfuerzos para que mi cabeza no explote. Es una cultura prevalente en la sociedad, este asunto de que la mujer está ahí para cuando y dónde y cómo el hombre quiera.

¿Creen que exagero? Casi ningún hombre o mujer se atrevería a decirlo así, con todas sus letras, hoy en día. Es políticamente incorrecto. Pero muchísimas acciones, muchísimas actitudes, dicen exactamente eso. Que nuestra sexualidad es única y exclusivamente en relación a ellos.

Y en esto estoy siendo totalmente heteronormativa – ni me voy a meter (al menos no por ahora) con lo heterosexista que es la educación y el discurso y las políticas alrededor de la sexualidad en latinoamérica.

 

Analicemos esta frasesilla/chistesillo/verdadera estupidez que existe de que “no” significa “sí”. Muchos dirán que un “no” es un “ruégame más”. Aquí hay dos opciones: o sí quiere y está buscando que el man insista más, o no quiere y el man está ahí de necio acosador inventando o mintiéndose a si mismo que la niña si quiere.

Digamos que la mujer si quiere algo pero se está “haciendo la difícil”. ¿Por qué nos hacemos las difíciles? Gran parte de la razón es porque decir que sí luego luego es “de fáciles”, “de zorras”. Si nos insisten un rato más podemos decir que no queríamos pero pues “nos conquistaron”. Tengo muchas amigas que les hubieran dicho que sí desde que entraron al bar, pero por alguna extraña – y ridícula – razón no hubo nada hasta 3 meses después.
Decir que sí al primer intento de aproximación es de fáciles, decir que sí al sexo sin relación amorosa es de fáciles, admitir que queremos sexo tanto como ellos es de pervertidas sexuales o promiscuas desenfrenadas que seguro abandonaron desde pequeñas. Aunque hagan cara desde el otro lado de la pantalla, no estoy diciendo mentiras y lo saben.

Entonces quedamos, cuando la mujer quiere pero no quiere decir, no va a decir que sí a la primera. No puede. NO PODEMOS DECIR QUE SÍ.

 

El segundo escenario es que la mujer no quiere nada y el hombre sigue insistiendo. Esto supone que la mujer debería de no poder negarse a los avances de un hombre. Pero, ¿cómo puede ser, si estoy siguiendo todos los tips de Chilango? Pues pasa. Pero el hombre cree que es cosa de convencer. Que es cosa de ganarse a una mujer, porque al final del día, ES IMPOSIBLE QUE NO QUIERA. O peor, se supone que la mujer no quiere sexo, pero si siente algo por el hombre, va a acceder. Porque el sexo es para él. Es un regalo que ella debe dar si lo quiere mantener ahí. Y la que dice que no, es una mocha, una arrogante, una “perra”.

Entonces quedamos, cuando la mujer no quiere y lo dice, es sólo cosa de cambiarle la opinión. Entonces NO PODEMOS DECIR QUE NO.

 

Ultimadamente nuestra palabra vale muy poco. Nos excluyen si decimos que sí, nos ignoran si decimos que no. Y, ¿qué pasa cuando nos ignoran diciendo que no? Nos acosan sexualmente, nos abusan.

La mochísima y parcialmente inútil educación sexual y socialización nos enseña que una mujer se “respeta” – y respetarse es limitar su sexualidad a la frecuencia, modo, persona que la sociedad quiera, no vayan a creer que respetarnos es escuchar a nuestro cuerpo, NADA DE ESO – y no dice que no a la primera. La pornografía y Hollywood nos enseña que una mujer al final del día siempre va a decir que sí – así tome un poco de insistencia, jaloneo o hasta cinta adhesiva – a todo lo que el hombre quiera, cuando él quiera, y aunque todo lo que hagamos sea para ellos, nos va a encantar.

 

La verdad es que, si dejaran de limitar nuestra sexualidad, les haríamos la vida más fácil – eso es, a los que no llegan al extremo de violarnos, pero fomentan inadvertidamente la cultura de “El NO no existe”. Si pudiéramos decir que sí cuando queremos decir que sí, las negativas serían mil veces más claras.

Si nos socializaran – a hombres y mujeres, pues ni me he metido con los muchos límites que se les pone a los hombres también – para decidir en base a lo que nosotros queremos, a respetar verdaderamente nuestros cuerpos, viviríamos mucho más plenamente, más sinceramente. Y si la pornografía reflejara todas las diferentes experiencias y perspectivas, se dejaría de ver al hombre como la máquina sexual imparable y a la mujer como la receptora universal insaciable.

 

Si dejara de ser “femenino” decir “NO” aunque nuestra naturaleza nos diga “SI”, y decir “TAL VEZ” cuando queremos decir “NO”… Si tan sólo…

 

 

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