¿Si un árbol se cae y nadie lo escucha…?

Hay aquí mil lágrimas guardadas, atrapadas. Mil sueños en la chimenea. Canciones grabadas encima de audio-novelas.

Si vieras en qué lugar del mundo me dejaste…

Fotos que he rayado con pluma roja, mil colores que salen a borbotones por los bordes de la ventana, en absoluto caos y corriendo por su vida, litros de sangre que se escurren por debajo de las puertas, por las grietas de las paredes. Parece una pintura surrealista, pero es más real que nada que me ha ocurrido en la vida.

Me declaro en estado de sitio. Arresto domiciliario voluntario.

He desconectado los teléfonos, me he tragado la llave. No quiero salir al mundo en el que no estás tú esperándome para ir a comer sushi a volonté.

Y mi piel ya está transparente, mis huesos y defectos más aparentes que nunca.  Hasta respirar el poco aire que entra parece innecesario. No hay nada que encontrar, así que no me busques. Todos los espejos están quebrados, los vidrios haciendo una cama de destellos. Y si alguien llegara a querer investigar, no quedará evidencia de que me desintegraste, de que ya no existe conciencia que salvar.

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