Aprender a esquiar

Cuando pienso en este 2013, me imagino a mí misma en un teleférico. Imagino que el teleférico se acerca peligrosamente a la cima.

Imagino que en el teleférico está mi instructivo para saber esquiar, y aun no he terminado de leer, no he terminado de aprender. Imagino que no me he puesto los esquís tampoco, pues estoy intentando agarrar fuerzas aún.

 

Imagino que el tiempo corre, aun no aprendo a esquiar, no me he equipado, no he visto para dónde está mi pista. No estoy lista. Pero lista o no, veo la cima aproximándose, y no hay cómo detener o retrasar lo que se me viene. Voy a tener que saber cómo y hacia donde bajarme, a como dé lugar.

 

Imagino el teleférico, la montaña nevada, algunos delante de mí que caen torpemente al bajar mientras otros proceden rápida y suavemente hacia su destino. Imagino y recuerdo la ridícula fobia que de niña tenía yo al bajar del teleférico: calcular erróneamente el momento exacto para poner los pies en el suelo y caer ridículamente, con la cara enterrada en el blanco de mi inexperiencia.

Pero como este 2013 no es un producto de mi imaginación ni de mis fobias infantiles, sino una realidad, más me vale asegurarme de estar bien preparada para todo lo que se me ponga en frente.

 

Ay, nanita. #QueDiosMeAgarreConfesada.

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