Bisturí, Bisectriz, Bilingüe…

Cuando uno lee acerca de y se interesa por los distintos sistemas intercalados de opresión que operan en nuestra sociedad, uno sabe de la existencia de ciertos privilegios que están ahí, invisibles. Uno sabe que parte de cómo se lucha contra la discriminación, la opresión y la desigualdad es señalar estos privilegios: en los medios, en nuestra comunidad, en nuestra familia, y mucho más importante (y mucho más difícil), en nosotros mismos. Y es que es bastante más fácil concentrarse en los privilegios ajenos que nos oprimen a nosotros que en los privilegios de los que gozamos y damos por sentado pero limitan a los demás.

 

La verdad es que puedo dar muchas razones para no “salir del clóset” como bisexual – sí, sí, lo estoy haciendo así sea por blog, BITE ME. Por ideología: así como nadie requiere que un hetero lo haga, “salir del clóset” como la ‘excepción’ que se es sigue sirviendo a una heteronormatividad que parece necesitar que nos pongamos una especie de ‘estrella de David’ como para podernos identificar y actuar de una u otra manera cerca de nosotros, ejercer uno u otro tipo de control social sobre nosotros. Por filosofía: yo qué tengo que andar anunciando por el mundo con quién quiero o no, con quién salgo o no; lo sabrán cuando lo sepan y si no pues qué les importa de cualquier manera. Por conveniencia: esta es obvia (y en esta estoy confiando en los que me leen), pues sigo estudiando con el dinero de mi papá, y me importa más seguir aquí en Montreal que hacer una ridícula declaración universal de algo que en mi opinión tiene un lugar sobre-valorado como una ‘parte integral de nuestra identidad’, que es actualmente la orientación sexual (WHATEVER THAT MEANS). Hasta puedo argumentar que por relevancia: relaciones significativas, sólo he tenido con hombres, y el 80% de la gente que encuentro realmente atractiva (a nivel activo, vaya) son hombres, así que casi casi que “ni para qué molestarse”.

Pero la neta, así la PURA NETA, estas son puras patrañas. No, no son patrañas, pero hay otra razón muy por encima de ellas – y al mismo tiempo muy por debajo de mi piel, muy por debajo de las sábanas de mucha gente que conozco y que se identifica (al menos con su círculo cercano) como bisexual – y esa es el privilegio heterosexual. Y, preguntarán, ¿a qué me refiero con privilegio heterosexual?

– No tener que andar declarando nada. En esta sociedad, el silencio otorga la heterosexualidad. Si no dices nada, y nada en tu apariencia parece indicar (estereotípicamente) lo contrario, eres hetero. NADA SEXISTA, por cierto.

– No tengo que explicar ni validar ni probar mi preferencia ante nadie. Nadie cuestiona porqué, en qué momento “decidiste” (as if), en qué momento te “diste cuenta”, “cómo supiste” o si “en serio” eres heterosexual. Esa está bien, las otras preferencias son las dudosas.

– No tengo que temer que mis actitudes, opiniones o acciones sean adjudicadas a todas las personas de mi orientación sexual. Ojo, que esta es grande. Noten la diferencia entre “Es promiscuo porque tiene miedo a comprometerse” cuando el chico es hetero y la razón dada es a nivel individual, y “Es promiscuo porque es homosexual” cuando la actitud es la misma, pero siendo la preferencia no-normativa, la razón dada es una generalización.

– Mi activismo respecto a género, feminismo y sexualidad no es atribuido a mi orientación sexual ni descalificado como “interés propio”. (“Oh, claro, está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo porque es gay. No porque sea lo humano y lógico. Claramente”.)

– Nadie asume cosas de mi personalidad basándose en mi preferencia sexual solamente. (Va de la mano con el segundo punto).

– Buscando trabajo, educación, pareja, asistencia social, sé que mi ‘orientación sexual’ no será un problema.

– Mi preferencia sexual no es descartada como un “mito”, una “fase” o una “moda”. Y referente a eso, miren este videíto 🙂

– Mi preferencia sexual no es constantemente trivializada y vendida como un fetiche. Y sí, me refiero a la imagen pornográfica de que dos mujeres juntas en la cama sólo están juntas para cumplir las fantasías del hombre. Entre otras ideas absurdas y falocéntricas.

(La lista de privilegios, ni remotamente exhaustiva, termina aquí).

 

La verdad es que siendo bisexual (y más estando claramente inclinado uno hacia el lado heterosexual – una Kinsey 1 o 2), uno tiene la opción de callarse, pero es un arma de doble filo. Se tiene la posibilidad de quedarse con este privilegio heterosexual sin sacrificar demasiado tampoco. Pero uno se atrapa a sí mismo, se limita a sí mismo. Se encuadra uno en ese sistema binario que tanto acomoda a la cultura heteronormativa dominante. Y esa cultura es lo más matapasiones que existe desde la invención de la misa católica.

Así que digo: BASTA. No puedo pretender estudiar – o aspirar a estudiar – la sexualidad humana sin estar 1000% cómoda con la mía, y eso incluye renunciar al cómodo y privilegiado ‘default’ y disfrutar de cada uno de los aspectos de mi persona. No puedo pretender ser activista contra la opresión y la falta de educación sin señalar fuerte y claro los privilegios que existen en el mundo pero también en mi vida. Finalmente, no puedo aspirar a honestidad, responsabilidad, confianza, y felicidad en mis relaciones personales si no las estoy teniendo con el 100% de quien soy yo.

 

Fin.

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