Aroma amargo.

Eres el último trago de café.

Todas mis mañanas, ahí estás. Aun cuando no te pienso, sé que te voy a pensar. Aun cuando no te espero, espero el momento de empezar a esperarte. Porque por ahí estás, mirándome con los ojos cerrados, volteado siempre hacia otra parte.

Lo que más duele no es la indiferencia, sino lo genuino que eres envuelto en ella, pues nunca te toqué como tu me tocaste.

Eres el último trago de café. Todas mis noches. Sé que vas a llegar a mí, como una ola, y que no te voy a querer dejar ir. Pero te vas, cada noche. Yo que me encariño rápido, y tú que te me escapas, gota a gota. Cada noche. Quiero que me dures para siempre, pero no me perteneces, eres por definición transitorio.

Empiezo un nuevo día y vuelvo a esperarte. Mi trago de café.

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