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Selfish.

Sometimes I feel like I need to share my story,
Like I need to warn my sisters,
Like I’m complicit in what you did
every day that I don’t.

Maybe my story, my trauma, my naked soul
could make a difference
and here I am. Selfish.
Keeping it all to myself. Every last bit of it.
To my lone self.

I know at my core that my heart is worth protecting
but maybe it’s not.
I’ve been wrong before.

I’m a terrible feminist survivor, in fact.
Because I didn’t tell anyone that it was you.
Because I forgave you.
Because I don’t think you’re a monster.
Because I didn’t tell your friends why I stopped talking to them too.

I know at my core that my heart is worth protecting
but my fingers feel dirty, like they’re personally responsible
for whatever fucking-up you do,
every day that I don’t say your name out loud.

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A baseline for healthy

The reception is iffy when it comes to you. The images sometimes come out blurry, the definition really low.

There really is no clear-cut definition when it comes to what things should feel like.
I know I deserve better than you. But that’s not the point, is it? Anyone deserves better than the constant doubt, the guilt trips, the gaslighting, the slut-shaming. Being better than you doesn’t make me special.
Most of the time I know which parts to cut, I know what the wounds would look like before anyone declares war on my body. Most of the time I know a red flag when I see one. But what if I don’t? What if I don’t see the red until it’s coming from my palms?

I don’t know if I could know a good thing if I saw it. I am foreign to such creatures. What if I rip a good heart open just to see what it looks like inside, like a kid opening up a working clock just to know if it’s real?

As I said, there are some connectivity problems when it comes to you. The language settings are also wonky. Mi corazón ya no sabe hacer poesía sin recordarte, lo que hiciste. Me quitaste mi casa, me cortaste la lengua.

I clearly need a new prescription. A new default setting, a new baseline. Re-calibrate normal so it doesn’t accidentally look like you.

Pain is not normal. I know that now. And even if it was, I deserve better than the baseline.

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What surviving is.

There is a lot you can learn from trauma.

You learn to duck, to dive, to jump, to dodge. You learn to cover essential organs so you wont die from internal bleeding. You learn to sanitize and stitch and cauterize and treat. You become doctor, and teacher, and lawyer, and bodyguard.

 

There are lessons in every bruise of every body of every scared child in the world. Because we are all children when we are hurled up in a corner. Every soldier needs their mummy, no matter how old they are. And so we learn.

 

But, is that not a fucked up thing to say? “Well, now you know. Lesson learned. Be thankful for the experience.”

Now you know what it’s like to be given poison every morning and continue to thank them for their kindness.

Now you know it truly can happen to anyone. No one is safe. Not even the smart and sassy feminists.

Now you know that people can love you and tear you apart at the same time.

Now you know the kind of shame that drowns even the steadiest voice.

 

Now you know. Lesson learned. Be thankful for the experience.

 

It is a fucked up game to play: to drink tragedy with a dose of sugar, and to never say the A word.

The ‘A’ word means maybe he did not love you. Or worse, that maybe he did. He loved you and then he killed you. Every day.

The ‘A’ word means you let that happen to you.

The ‘A’ word means you are a victim. You were broken.

The ‘A’ word also means you must have had a moment of enlightenment. That you are all changed now, because the ‘a’ word means, you must get better somehow.

 

But let me be clear: Abuse. Abuse, did not make you stronger. It showed you how strong, how full of life force you already were.

Abuse did not show you the way with his fists, you showed yourself out with your own two fucking feet.

 

And let me be clearer: Abuse.. Abuse, did not build you. You are not his work of art.

Abuse did not build you.

You are not his work of art.

 

The ‘Thank You’ cards can stay in your desk: you are artist, art, and audience; you are strong like an amazon. You dodged every bullet and stitched every cut yourself.

 

Listen well, kid: Abuse did not build you. You are not his work of art.

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Tan

Te extraño.

 

Sé que pareciera imposible, pero te extraño, años después. Te siento en mis dedos mientras escribo, en mis brazos mientras sostengo pancartas en la nieve. Te siento siempre, pero siempre bien lejos.

 

Quisiera decir que te encantaría verme ahora, más fuerte y más bella por dentro y por fuera que nunca. Quisiera decir que estarías orgulloso de mi, Tan, pero no lo sé. Te fuiste demasiado pronto. Éramos niños.

 

Éramos niños y siempre lo somos, pues cada mes de abril vuelvo a tener 13 años. Vuelvo a verte con admiración, aunque no te veo ya. Eras mi héroe, mi genio, mi rockstar, mi experimento y yo el tuyo. Éramos muy pinche niños para lo que se nos vino encima. Y te extraño.

 

Creo que te hubiera gustado visitarme en Montreal, verme evolucionar en mil direcciones, dándome de topes todo el tiempo. Creo que te hubiera entretenido verme con mis sobrinos, más maternal de lo que jamás me ha gustado admitir. Creo que seguiríamos siendo buenos amigos, o quien sabe, quizá… No quiero pensar ni creer.

 

Pues no sé. Éramos niños, eso si lo sé. Y sé que estás en cada línea que nunca dejaré de escribir. Sé que estás un poco en el café que estoy tomando, un poco en cada canción de esas bandas que tú me enseñaste. Sé que estás un poco en todos lados, y que no me vas a dejar.

 

Supongo que necesitaba decirte que ‘Quiubo alto’. Sigo chaparrita, sigo siendo tu mejor amiga, tu admiradora #1. Y te sigo extrañando.

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Dándole cuerpo al cuerpo

Quiero hablar del cuerpo humano.

Últimamente he estado conectando muchos puntos, muchos instantes distintos en mi memoria: experiencias, anécdotas escuchadas, consejos, conversaciones sobreentendidas. He estado recordando distintos momentos en los que se me enseñó – directa o indirectamente – al igual que a muchos, que el cuerpo humano es algo prohibido. Y no sólo prohibido: algo sucio, algo con lo que no estar cómodo, algo que se debe ocultar, opacar, esconder. El más mínimo indicio de que existe desnudez – de que existe una mujer – debajo de toda esa ropa, algo de mi “pureza”, de mi “dignidad”, de la más íntima instancia de mi feminidad y mi persona se iba a perder. Una silueta siquiera ya es una desvergüenza.

Ni siquiera voy a hablar mucho de cómo el cuerpo del hombre no está tan rodeado por un aura sobreprotectora, vigilante, controladora y opresiva como el de la mujer, ni de mi trauma, por ejemplo, con que los senos sean lo mismo en hombres que en mujeres – si quitas el tamaño y la habilidad de lactar (la cual no es particularmente seductora, al menos en mi opinión) – y sin embargo la sociedad ha hecho de una parte un show, un fetiche y un producto, y de la otra una total irrelevancia que se puede enseñar por cualquier parte.

Voy a hablar de cómo la vergüenza, la censura del cuerpo, la incomodidad bajo nuestra propia piel está trágicamente internalizada. Nos escondemos constantemente; cuando no lo hacemos, dejamos, al no saber qué hacer, que los demás dicten que significa lo que mostramos y lo que no. Y no es que crea yo que todos debamos andar desnudos por las calles, ni que estemos evolucionando de alguna manera u otra al mostrar cada vez más (especialmente las mujeres). Lo que sí creo es que mientras le demos valor moral al cuerpo humano, seguiremos completamente atados y condenados a no conocernos en absoluto. La profundidad de un escote no dicta la calidad moral, ni intelectual, ni espiritual de una persona, una silueta desnuda que se ve en una ventana no determina ningún rasgo de personalidad ni expresa ningún aspecto de la sexualidad de nadie. De la misma manera, un tatuaje no es un indicador de intelecto o capacidad, ni el peso de una persona necesariamente dice algo de los hábitos, higiene o salud mental de esta persona.

Queremos constantemente regular el cuerpo, estandarizarlo, emitir juicios basados en él. Pero somos (o deberiamos ser) nosotros los que le damos significado al cuerpo. A nuestro cuerpo solamente, y nadie tiene derecho a cambiarnos nuestras propias definiciones, límites, símbolos.

No deberíamos de tenernos tanta pena. Creo realmente que deberíamos de jugar más con nuestra propia simbología, empujar nuestros propios límites, deconstruír nuestra socialización. Hacer una verdadera revolución: comenzar a amar nuestro cuerpo. Sólo así podemos usarlo al máximo, pero usarlo como nosotros queremos. No necesariamente como herramienta de poder, de dominación o de manipulación. Utilizarlo para encontrar un balance, para expresar nuestras ideas, para sentirnos mejor física y mentalmente. Para ser lo que queramos y ser los mejores que queramos. Para tener un refugio.

Que una vez re-ocupados nuestros cuerpos, re-inventados, podamos encontrar  bajo nuestra piel el Kamchatka que todos necesitamos: ese sitio decorado personalmente, esa arma de belleza que nos protege pero nos une con todas nuestras demás fortalezas.

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Una y otra vez

A veces veo los puentes que derribé por correr tan rápido sobre ellos que no me fijé lo frágiles que eran en realidad. A veces veo las puertas que voy cerrando de prisa, como si honestamente pudiera yo decir que no las voy a querer o necesitar jamás. A veces, también, veo por el retrovisor paisajes increíblemente bonitos que no aprecié por preocuparme tanto en lo que venía delante de mí.

A veces quisiera poder pausar. Poder dejar de vivir tanto en el momento que sigue y sigue y detenerme a pensar mejor las cosas, a dibujar mejor mis pasos, a evaluar pros y contras un tantito más antes de avanzar. Quisiera poder frenarme porque ya no sé si sigo queriendo lo que antes quería, lo que otros han querido para mí, lo que yo quiero pero no merezco, y no sé si ahora lo merezco un poco más o mucho menos. Quiero pausar, pero nunca he sabido cómo.

A veces quisiera hablar más fuerte, más claro. Otras, quisiera reconocer que es más sabio callar. Quisiera no tener tanto miedo; saber que hay cosas a las que sí debo temer. Quisiera quitarme de tantas contradicciones (aunque sé que este sí que es un imposible), ser de un color sólido.

 

A veces me dejo llevar en quisieras, hubieras, ojalás y o en lugar de salir a vivir, salir a buscarme mejores cosas para escribir.

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1+1

Era tan fácil como quererlo. Quererlo por mí, para mí, gracias a mí. Era tan fácil como que mi mente y mi cuerpo quisieran cooperar conmigo, y lo hicieran cuando yo lo pidiera. Era tan fácil como trabajar por mi propia felicidad y hacerla posible. Era tan fácil como recuperar el control que había perdido.

Era tan fácil y sencillo como ser egoísta, así fuera por sólo unos minutos. Unas horas. Tan sencillo como ver por mí misma y lo que yo necesitaba. Tan sencillo como olvidarme de lo mucho que el mundo me condenaría por ello.

Era un truco de magia, sólo unos conjuros ligeros que decir y BAM, el mundo era mío. Por primera vez en mucho tiempo, el mundo entero se sintió mío. Era así de simple – así son las mejores cosas.