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Today I (re)watch: Person of Interest, 2.17

Harold and John get six apparently unrelated numbers that are all over the (US) map. The search leads them to an island where they are stranded because of a particularly harsh storm, and they realize there is a creepy ass serial killer trapped with them. This episode is an Agatha Christie novel inside of a show, and an absolute delight for all fans of Michael Emerson in particular.

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I have watched the whole show before, so SPOILERS MIGHT HAPPEN. Big spoilers will be blanked out but references and irrelevant spoilers are going to be out in the open.

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Completamente incompleta.

Nunca (já!) he entendido los absolutos. No me gustan. Los escucho o los leo y me corre por la sangre un escalofrío intenso, una corriente eléctrica que detiene mis pensamientos por un mili-segundo  Y pues ya qué, sigo caminando por mi camino de fracciones infinitas.

Siempre. Nunca. Todo. Nada.

Son tan falsas, tan engañosas, tan llenas de incertidumbre en negación, esas sílabas que terminan pero que resuenan, que tienen eco, que retumban en el corazón del que cree en ellas.

No sé porqué la gente cree necesitarlas. Si nuestra vida es finita, ¿por qué queremos encerrarla en “hasta que la muerte nos separe”? Porque tenemos miedo, claro está. Tenemos miedo de no saber, tenemos miedo de perdernos. Tenemos miedo a no entender. Pero es que no entendemos, no importa cuantos absolutos, cuantos paréntesis cerremos: no sabemos nada, esa es la verdad.

A mi me brinda más paz el saber que no hay planes fijos, que no existe certeza en ninguna de mis palabras ni de mis planes ni de mis pensamientos. Encuentro más tranquilidad en sentir que no sé. En no usar absolutos y conformarme con momentos, flores que dar cada día. Flores que no sé si voy a tener mañana o si las voy a querer dar, si va a haber alguien que las reciba.

Quizá esto sea porque soy joven. Tal vez por eso tiemblo de pensar que mis contemporáneos usan absolutos como si supieran. Como si supiéramos algo. Pero, realmente, ¿llegamos a saber algo? Amarrarme a verdades aparentes me da mucho más miedo que cualquier otra cosa.

No quiero que sea la muerte la que me separe de nada. Si algo me separa, que sea la pasión, que sea el amor, que sea la confianza. Si esas no mueren, que me muriera yo sería irrelevante. Y si mueren antes que yo, seguir viva también lo es.

Mientras esos instantes de inconclusión me llegan, estoy feliz con asuntos pasajeros, sin la menor intención de fingir que son otra cosa.

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Bisturí, Bisectriz, Bilingüe…

Cuando uno lee acerca de y se interesa por los distintos sistemas intercalados de opresión que operan en nuestra sociedad, uno sabe de la existencia de ciertos privilegios que están ahí, invisibles. Uno sabe que parte de cómo se lucha contra la discriminación, la opresión y la desigualdad es señalar estos privilegios: en los medios, en nuestra comunidad, en nuestra familia, y mucho más importante (y mucho más difícil), en nosotros mismos. Y es que es bastante más fácil concentrarse en los privilegios ajenos que nos oprimen a nosotros que en los privilegios de los que gozamos y damos por sentado pero limitan a los demás.

 

La verdad es que puedo dar muchas razones para no “salir del clóset” como bisexual – sí, sí, lo estoy haciendo así sea por blog, BITE ME. Por ideología: así como nadie requiere que un hetero lo haga, “salir del clóset” como la ‘excepción’ que se es sigue sirviendo a una heteronormatividad que parece necesitar que nos pongamos una especie de ‘estrella de David’ como para podernos identificar y actuar de una u otra manera cerca de nosotros, ejercer uno u otro tipo de control social sobre nosotros. Por filosofía: yo qué tengo que andar anunciando por el mundo con quién quiero o no, con quién salgo o no; lo sabrán cuando lo sepan y si no pues qué les importa de cualquier manera. Por conveniencia: esta es obvia (y en esta estoy confiando en los que me leen), pues sigo estudiando con el dinero de mi papá, y me importa más seguir aquí en Montreal que hacer una ridícula declaración universal de algo que en mi opinión tiene un lugar sobre-valorado como una ‘parte integral de nuestra identidad’, que es actualmente la orientación sexual (WHATEVER THAT MEANS). Hasta puedo argumentar que por relevancia: relaciones significativas, sólo he tenido con hombres, y el 80% de la gente que encuentro realmente atractiva (a nivel activo, vaya) son hombres, así que casi casi que “ni para qué molestarse”.

Pero la neta, así la PURA NETA, estas son puras patrañas. No, no son patrañas, pero hay otra razón muy por encima de ellas – y al mismo tiempo muy por debajo de mi piel, muy por debajo de las sábanas de mucha gente que conozco y que se identifica (al menos con su círculo cercano) como bisexual – y esa es el privilegio heterosexual. Y, preguntarán, ¿a qué me refiero con privilegio heterosexual?

– No tener que andar declarando nada. En esta sociedad, el silencio otorga la heterosexualidad. Si no dices nada, y nada en tu apariencia parece indicar (estereotípicamente) lo contrario, eres hetero. NADA SEXISTA, por cierto.

– No tengo que explicar ni validar ni probar mi preferencia ante nadie. Nadie cuestiona porqué, en qué momento “decidiste” (as if), en qué momento te “diste cuenta”, “cómo supiste” o si “en serio” eres heterosexual. Esa está bien, las otras preferencias son las dudosas.

– No tengo que temer que mis actitudes, opiniones o acciones sean adjudicadas a todas las personas de mi orientación sexual. Ojo, que esta es grande. Noten la diferencia entre “Es promiscuo porque tiene miedo a comprometerse” cuando el chico es hetero y la razón dada es a nivel individual, y “Es promiscuo porque es homosexual” cuando la actitud es la misma, pero siendo la preferencia no-normativa, la razón dada es una generalización.

– Mi activismo respecto a género, feminismo y sexualidad no es atribuido a mi orientación sexual ni descalificado como “interés propio”. (“Oh, claro, está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo porque es gay. No porque sea lo humano y lógico. Claramente”.)

– Nadie asume cosas de mi personalidad basándose en mi preferencia sexual solamente. (Va de la mano con el segundo punto).

– Buscando trabajo, educación, pareja, asistencia social, sé que mi ‘orientación sexual’ no será un problema.

– Mi preferencia sexual no es descartada como un “mito”, una “fase” o una “moda”. Y referente a eso, miren este videíto 🙂

– Mi preferencia sexual no es constantemente trivializada y vendida como un fetiche. Y sí, me refiero a la imagen pornográfica de que dos mujeres juntas en la cama sólo están juntas para cumplir las fantasías del hombre. Entre otras ideas absurdas y falocéntricas.

(La lista de privilegios, ni remotamente exhaustiva, termina aquí).

 

La verdad es que siendo bisexual (y más estando claramente inclinado uno hacia el lado heterosexual – una Kinsey 1 o 2), uno tiene la opción de callarse, pero es un arma de doble filo. Se tiene la posibilidad de quedarse con este privilegio heterosexual sin sacrificar demasiado tampoco. Pero uno se atrapa a sí mismo, se limita a sí mismo. Se encuadra uno en ese sistema binario que tanto acomoda a la cultura heteronormativa dominante. Y esa cultura es lo más matapasiones que existe desde la invención de la misa católica.

Así que digo: BASTA. No puedo pretender estudiar – o aspirar a estudiar – la sexualidad humana sin estar 1000% cómoda con la mía, y eso incluye renunciar al cómodo y privilegiado ‘default’ y disfrutar de cada uno de los aspectos de mi persona. No puedo pretender ser activista contra la opresión y la falta de educación sin señalar fuerte y claro los privilegios que existen en el mundo pero también en mi vida. Finalmente, no puedo aspirar a honestidad, responsabilidad, confianza, y felicidad en mis relaciones personales si no las estoy teniendo con el 100% de quien soy yo.

 

Fin.

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De Delhi para el mundo. Y de regreso.

Como varios de mis lectores (que son como 10, pero confío en ustedes) sabrán, recientes eventos trágicos en India- si bien de ninguna manera novedosos, desafortunadamente – han desatado protestas, han desatado debate y han desatado noticia por todo el mundo. Yo, por mis intereses y mis estudios, me siento obligada a dar mis centavitos, pues, respecto a esto.

Con el afán de resumir, ha habido dos recientes violaciones en grupo en autobuses en India. El primer trágico incidente destacó y atrajo los reflectores hacia Delhi en gran medida por su naturaleza violenta (la estudiante de 23 años murió en un hospital a causa de las lesiones que le dejaron los violadores), y el segundo ocurrió cuando las cámaras y las protestas y los ojos del mundo ya estaban ahí.

Con el primer crimen el mundo entero volteó y señaló con indignación al ver una de las muchas consecuencias de la precaria situación de la mujer en India. Protestas por todo el mundo demandaban sentencias, cero tolerancia, reevaluación de las leyes respecto al abuso sexual, etc. Un sin-número de reclamaciones en su mayoría válidas. El problema es que el asunto se debe llevar más allá del lugar tan limitado y tan falto de lugar para reflexionar que dejan la mayoría de los medios.

Hay muchas dimensiones, muchas rutas separadas de opresión, de impunidad, de sexismo, de colonialismo incluso, que resultaron finalmente en los dos casos recientes de gang-rape en India. Y no voy a empezar siquiera con la forma tan conflictiva con que se está tratando el tema en la India misma, pues, primero que nada, no soy experta, y segundo, eso requiere otra entrada de blog entera. Lo que sí discuto es la posibilidad que se está desperdiciando de abrir un diálogo integral e interseccional de la violencia sexual.

El primer problema que veo con cómo se ha tratado este caso (llamémoslo caso, y no casos, para no complicarnos mucho) es que se está viendo como algo cultural. Esos casos entonces son algo que pasa en la India – ese lugar exótico, sobrepoblado, donde algunas mujeres se tapan el pelo, dónde ha habido un fuerte sistema de castas y el matrimonio en muchos casos sigue siendo arreglado. Ese lugar que vaga y arbitrariamente relacionamos a veces con Medio Oriente. Y no digo que sean 100% falsas estas ideas; ni siquiera estoy diciendo que no sea verdad que ocurren muchas más violaciones – no lo sé, pues los reportes oficiales en países como India (o como México, tampoco nos bañemos en gloria del Occidente ahora) – que, no sé, en Canadá. Lo que si puedo decir es que la cultura de la India no es más proclive a promover la violencia sexual que cualquier otra cultura del mundo (dando por hecho que la mayoría de las sociedades actuales están permeadas por un sexismo occidental potentísimo). También puedo decir que ni la violencia sexual (eso es obvio) ni las violaciones en grupo (un tanto obvio también), ni ningún tipo o forma o variación o modo de abuso o acoso sexual es exclusivo ni de su cultura, ni de su país, ni de su raza.
Para construirnos sociedades y comunidades y familias y escuelas libres de violencia sexual, nos tenemos que sacar de la cabeza que esto sólo pasa en lugares remotos, o en lugares descuidados, y que sólo pasa entre gente pobre, o immigrantes, o gente sin educación. Un estudio académico hecho por la UNAM indicó que 44% de las mujeres han sufrido de abuso sexual en México. 4 de cada 10. Y aunque no he encontrado estudios paralelos, estudios nacionales en Canadá indican que 1 de cada 4 o 5 estudiantes universitarias habrán sido abusadas sexualmente para cuando se gradúen. Y no me imagino cómo la cifra para México pudiera ser mucho menor. (Pero eso sí, los estándares que se tienen social y legalmente en México para qué exactamente llamamos abuso sexual – aprovecharse de una chica que está borracha, por ejemplo – son bastante pinche altos).

Por otro lado está la razón tan malditamente cruel para que las cámaras siquiera se molestaran en ir hasta allá por una sola persona que murió. La manera tan brutal y horrible en que la chica fue violada fue lo que llamó al mundo entero a indignarse. ¿Qué me dice eso? Que lo que nos indigna – o más peligrosamente, lo que nos DEBE indignar – es que haya sido maltratada tanto al punto de morir, que haya sido en un bus, que hayan sido varios. La violación por sí sola ya no genera indignación  no impulsa a la acción, ni tiene porqué estar en primera plana. Eso es lo que entiendo, y ESO me horroriza y me indigna más que cualquier otra cosa. Y por supuesto que algo tan violento y horrible debe llamar la atención. Pero los millones de casos que se dan a diario en todas partes del mundo también merecen y mucha atención.

Por último está algo que requeriría mil entradas de blog, que es la culpa que colocan sobre la víctima y no sobre los victimarios. Una de las más grandes razones por las que los reportes en India – y en todo lugar, si bien a diferente grado – son tan diferentes a la realidad del abuso sexual es la vergüenza y la estigmatización de las víctimas. Es también la razón por las que muchos violadores quedan sueltos o reciben una muy mínima sentencia. Y es, a la larga, una manera prologada de marginalizar, lastimar, y oprimir a la víctima una y otra vez, privándola de una recuperación completa de su cuerpo, control, y de su vida. Respecto a esto, medios por todo el mundo expresan con incredulidad, “Y ERA UNA ESTUDIANTE!” o alguna otra frase denotando la calidad ‘respetable’ de la víctima. Como si importara si es estudiante o prostituta, o eso afectara que tan violación es una violación. Igualmente existen gurús de la India que dicen que ‘las mujeres respetables no son violadas’ (como diciendo, en un tipo de pensamiento que escapa toda lógica, “Si las mujeres respetables no son violadas, y a esta chica la violaron, seguro no era respetable, y por lo tanto pues tiene parte de la culpa”). Y ni se me espanten y digan “¿Cómo puede decir eso ese hombre en ese lejano lugar?”, a no ser que jamás hayan escuchado consejos de cómo vestirse, a dónde no ir, o qué tanto tomar para evitar situaciones indeseables con hombres.

Para ilustrar mi punto:

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Algo que me da mucho gusto es que cada vez más medios tocan aunque sea parcialmente en temas claves como la transferencia de culpa hacia el victimario, como la importancia de leyes y de su implementación en temas de violencia contra la mujer. Algunos incluso dan pasos hacia hablar de estadísticas en otros países y cómo es algo sistemático a erradicar, algo que tiene todo que ver con la situación de la sexualidad de la mujer, con roles de género, con derechos humanos básicos, y con impunidad ante las autoridades. Las protestas en India son cada vez más grandes, y yo en serio que espero sigan así, que sigan con todo. Les mando abracitos y gritos de guerra por millones desde aquí. Espero logren cosas buenísimas. Y espero esos bastardos y todos los demás que haya la paguen.

Tampoco puedo esperar que los medios tomen la iniciativa y hablen de la opresión sistemática a la mujer, ni del sexismo y sus efectos devastadores en hombres y mujeres, adultos y niños, en todo el mundo, o de cómo el Occidente llevó prejuicios y censura y patriarquía a lugares que no había (y ahora esos lugares siguen batallando por conciliar pre-, post-colonialismo y modernidad forzada) o de la medida tan gigante y grotesca en que la violación es una expresión física de una aserción absoluta de poder y dominación. Pero están hablando del problema – uno de ellos, anyway. Así que paso a pasito.

Disclaimer: hablo de la mujer como la víctima y el hombre como el victimario porque, en estadísticas, es el caso más común. No estoy ignorando lo contrario ni ninguna variación.

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Aprender a esquiar

Cuando pienso en este 2013, me imagino a mí misma en un teleférico. Imagino que el teleférico se acerca peligrosamente a la cima.

Imagino que en el teleférico está mi instructivo para saber esquiar, y aun no he terminado de leer, no he terminado de aprender. Imagino que no me he puesto los esquís tampoco, pues estoy intentando agarrar fuerzas aún.

 

Imagino que el tiempo corre, aun no aprendo a esquiar, no me he equipado, no he visto para dónde está mi pista. No estoy lista. Pero lista o no, veo la cima aproximándose, y no hay cómo detener o retrasar lo que se me viene. Voy a tener que saber cómo y hacia donde bajarme, a como dé lugar.

 

Imagino el teleférico, la montaña nevada, algunos delante de mí que caen torpemente al bajar mientras otros proceden rápida y suavemente hacia su destino. Imagino y recuerdo la ridícula fobia que de niña tenía yo al bajar del teleférico: calcular erróneamente el momento exacto para poner los pies en el suelo y caer ridículamente, con la cara enterrada en el blanco de mi inexperiencia.

Pero como este 2013 no es un producto de mi imaginación ni de mis fobias infantiles, sino una realidad, más me vale asegurarme de estar bien preparada para todo lo que se me ponga en frente.

 

Ay, nanita. #QueDiosMeAgarreConfesada.

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Nada y todo que ver. (29.10.11)

Tiene que ver con tu mirada. Y pues, ¿cómo no? Si desde el primer día viste  todo lo importante. Casi ni te noté al comienzo, y tu ya me conocías bastante bien. Te hiciste notar poco a poco y sin querer. Tiene que ver con todo lo que tocas sin tocar, con esos ojos tuyos que si miro fijo me queman de a poquitos.

Tiene que ver con tu sonrisa que conoce más de lo que muestra, que se guarda secreticos, que sabe gozar lo que tiene. Esa sonrisa grande grande que solo quiero que se cierre si es para darme un beso.

Tiene que ver con tu aire, tu caminar. Tienes un ritmo para mí desconocido, pero lo quiero aprender. Quiero respirar más profundo, andar más lento, caminar contigo.

Tiene que ver con tu voz; el tono que es muy tuyo, y yo ya lo tengo memorizado. Tu voz que me dice de todo, tu voz que no me canso de escuchar.

Tiene que ver con todas las maneras en que te pienso mientras te sientas bien juntito a mí, con nuestras intenciones bastante claras ya. Tiene que ver con todo lo que veo en tí, lo que no veo, lo que quiero conocer.

Pero tiene más que ver, para mi desgracia, con que aún no me buscas, no me necesitas, no me extrañas; con lo exclusivo de tus expectativas, de quién dejas entrar. Tiene que ver con todo el tiempo que esperaría con un simple “tal vez” tuyo.

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Más frío por estos lares

Navidad este año es que no me importe si hay Internet o no. El mundo exterior a la casa donde se parte el pavo es irrelevante esta vez.

Navidad es no hablarte para ver cómo estás, cómo va el trabajo, qué tal has dormido. Navidad es no buscar en Skype algún detalle. Navidad es ya no tener qué encontrar por ninguna parte.

Navidad es preocuparme por tí pero no poder ya ocuparme. Navidad es ya no estar al pendiente de mandarte aunque sea un mensajito. Navidad es gastar nada en llamadas, pues nadie me espera. Navidad es ya no tener casa, pues el corazón no está en ningún lugar, no tiene ningún ancla.

Navidad es verte en cada esquina, sabiendo que no te veré ya nunca, mas que en instantes incómodos de tránsito.

Navidad es responderte pero sin tener respuestas. Navidad es trivializarte, mandarte al olvido, a la anécdota inconsecuente. Navidad es saberte y reiterarte en el pasado que es definitivo, que suena más lejano de lo que se siente en los huesos.

Navidad es recordar lo que hubieras dicho, lo que hubieras pensado, lo que hubieras hecho. Navidad es un gigante y grotesco “hubiera” que se ríe de mí.

 

Navidad es ese sentimiento cálido que nunca he sentido mas que viendo películas ridículas contigo, platicando de hipotéticos que suponían un futuro que ya no es nuestro.