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Sobreentendido [01.06.11]

Tantas cosas que he escrito para tantas personas, y quizá tú eres a quien más haría falta.

Tú me entiendes. No lo digo como cursilería o exageración u obviedad. No es una obviedad el que alguien me entienda tan bien como tú lo hacías y sigues haciendo, a pesar de los kilómetros y los tiempos de incomunicación.

Tú me entiendes. Y es que tanta gente no lo hace. Y te subestimé, te tomé un poco por sentado, pues no nos buscamos. No era el momento, o tal vez si era y yo lo dejé pasar, por ese miedo que infaliblemente me congela en las situaciones más inoportunas.

Tú me entiendes. Sé que de nada sirve darme cuenta ahora, y que no serás la única persona que lo haga, pero tú me entiendes. Hay esa necesidad de sacar aire y sacar gritos y reflexionar. Pues me concentré tanto en tus defectos y no mucho en los míos y te dejé pasar sin advertir lo que te distinguía y sigue distinguiendo del montón que intentan o que intento y algo no encaja en la imagen: tú me entiendes.

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27/30: VEINTISIETE poemas.

Primero que nada lo voy a decir: no sé muchísimo de poesía, o de poetas, o de nada en realidad, si nos ponemos de sangroncitos. Pero de los que conozco, decidí hacerme una listita de los que más me han gustado, y pues ahí les va.

Cinco veces, la flor de Alejandro Aura. “Pinche florecita de papel, te quiero”, pues yo quiero mi pinche florecita de papel.

Frustration de Dorothy Parker, y van a ver varios de esta maravillosa y dañada mujer. Este poema hasta me sé de memoria… 

Murder de J. G. Raubenheimer. Cómo me hace reir. Y pensar. Y volver a reír, la segunda vez mucho más macabramente.

Contigo de Joaquín Sabina: “Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín. Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí” Sí, soy una cursilota, ¿Y QUÉ?

“How sweet time feels, when it’s too late…” Uff. The Sweet Time de Leonard Cohen.

Noche y nieve de José Emilio Pacheco. ¿Habrá vivido en Montreal? Porque así mismito me siento yo.

The Rose Did Caper on her Cheek de Emily Dickinson. Léanlo. Y léanla.

De la misma antología del de Aura, Poema para las manos de un profeta, de Leopoldo Ayala. Muy distinto. Hermoso también.

Darkness de Lord Byron. Este me lo topé hace ya unos ayeres de puro accidente, y debo leer más de ese hombre.

Triolet, de Dorothy Parker una vez más. See I can smile and be brave, just give back the heart that I gave…

1964 de Borges. “Para aprender el arte del olvido, un símbolo, una rosa, te desgarra, y te puede matar una guitarra” Ouch. Puro feeling.

People as flowers de Bukowski. Y todo mundo preguntará que cómo que Bukowski. Pues así de rebelde soy. Y es que me cae re bien el wey…

Dead Fires de Jesse Fauset. Cortito, ligeramente emo, veraz y maravilloso.

Heces de César Vallejo. No, no es acerca de desechos.

Because I could not stop for Death de Emily Dickinson. Una mujerzazazaza.

La isla de José Emilio Pacheco. Quién iba a decir que este vato iba a tener repetición en mi lista. La antología de Gota de Lluvia me raya intenso.

Incurable de Dorothy Parker. ¡Tercera mención (que bien podría tener 10 más)! Ese sarcasmo suyo entrelazado con cursilerías me hace muy feliz.

“En costa lejana o en mar de Pasión, dijimos adioses sin decir Adiós.” Gabriela Mistral, bien ahí.

And quiet is the thought of you, the file on you complete. Except what we forgot to do, A thousand kisses deep. Ay, ese Cohen, si tuviera 20 y tantos, yo si le daba.

Acá voy yo con mi cliché: Dream Within a Dream de Allan Poe. ¿Qué puedo yo decir?

El Romance de las Estrellas de Alberto Navarro: Las estrellas no se tocan, solo se ven y se sueñan.

Purposely Ungrammatical Love Song de Dorothy Parker. “But when did I say that I was wise, And when did I hope that you were true?” Ja. Ja ja.

Stopping by the Woods on a Snowy Evening de Frost. And miles to go before I sleep, and miles to go before I sleep. Ósom.

The Undertaking de John Donne. Un autorazo que escribe muuucho para mi gusto, pero éste poema si la hace en mi lista. Por fregón.

No podía faltar el Poema 20 de Pablo Neruda en una lista tan marica como la mía.

Los Espejos de Borges. Qué raro hombre. Y cómo lo amo yo.

Hope is the Thing, de la señora Dickinson una vez más. Bello bello bello.

Pues, ¿cómo ven?

Úchalas, faltan tres na’más. ÜBER intenso, diría yo.

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una pareja ideal

La nieve blanquea todo. Blanquea hasta las penas, los exámenes, el estrés y el no dormir. De a copitos borra lo que la gente tonta luego hace y deshace, lo transforma todo en un colchón donde caer cuando el camino cansa.

Me encanta pues hasta el frío se siente mejor de estar acompañado de la nieve. Los grados bajo cero duelen menos en las orejas y en los pies y en la nostalgia. Todo se ve blanco, se ve limpio, se ve iluminado aun cuando no hace sol.

Me encanta la nieve. Esponjosita, mojada y maravillosa. Me casaría con ella, si no fuera porque la ley y la sociedad ven necesario que busque a un chico que me haga sentir así de bien. Difícil que estará eso, con eso de que esos sí no caen del cielo pero para nada.

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Por medio de un microscopio

Te quiero y te quise mucho. Pero te quise y te quiero tan poquito…

¿Importa el tiempo que te quedes? No realmente. Fuiste un segundo, parte de un minuto, parte de un día que me hizo enamorarme del camino que me llevó hasta el preciso lugar en el que me estoy sentando ahorita. Pero ese segundo duró los años: duró todos los segundos de no creer, de no querer. Duraste todas esas buenas experiencias, las malas también, las que lo fueron todo y las que no fueron nada. Porque la vida me pasó por los ojos mientras te miraba a ti, te regalo una canción. Resumiste todo en palabras que pueden o no ser ciertas pero te voy a creer porque realmente eso no importa. Ni siquiera tu importas, no realmente. Importó el día, el momento, la lluvia. Tal vez importaron tus sonrisas incómodas, las miradas, el tiempo en pausa, pero todo lo demás nunca ha sido de gran relevancia para mí.

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Prueba… insuperada

Nos fuimos, nos partimos en dos. Y luego regresamos.

Nos miramos, como para ver si vimos bien de reojo la primera vez. Como para ver si nos la volvíamos a creer. Pues yo si me la creo, pa’ que digo que no. Me creo capaz de muchas cosas por hacerte sonreír, una y otra vez. Me la creo que me puedo volver a enamorar de tí.

A ver que pasa. Con esta prueba insuperada, con tu mirada intensa que me obliga a no pasarte por alto. Con el nosotros que funciona tan bien pero al mismo tiempo tan mal.

A ver que sale. Y sigo tratando de convencerme de que importa tan poquito como esta entrada deja ver…

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Cuando te pienso, escribo un haikú.

Te quiero un poquito cada día. A veces no te quiero nada. Por momentos me sonrojo y me quiero enamorar de tí, otras veces no se me ocurre que tú existes, no me acuerdo de la posibilidad que hay en esa mirada tuya que quiero comprender pero al mismo tiempo no quiero. Que si la comprendo se pierde el chiste, se acaba el juego, el vaivén se queda inmóbil y el “nosotros” se desvanece.

Creo que no eres tú, sino quien yo quiero que seas. Quiero sentir bonito cuando te veo. Podría ver a cualquiera, pero decido voltearte a ver a tí. Quien sabe de quien me quiera enamorar mañana, pero por hoy tu eres la estrella.

Amo esto de querer de a poquitos, de sentir maripositas solo por segundos, segundos que duran una eternidad.

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Misión cumplida

Y que me les voy… Y que no estoy triste. Sé que dejo cosas buenas, pero también me llevo un álbum que me recordará que siguen ahí para cuando regrese. Me voy en el momento indicado: en el que los lazos son fuertes, el corazón también. En buen momento para extrañar sin morir, para empaparme de todo sin aferrarme tan feo tampoco.

Se nos fue el verano, pero ¡ah que bueno estuvo! Con amistades que crecieron exponencialmente, con las visitas del niño más querido del mundo, con la emoción y los nervios al máximo, empujándome a disfrutarlo todo más.

Me voy porque le eché ganas, porque la sufrí, porque la sudé y la disfruté como mejor pude. Me voy porque el camino así se fue construyendo, y me voy al mejor lugar que se me pudo haber ocurrido. Me voy a estudiar, me voy a conocer y me voy a vivir en grande.

Y que me les voy… pero aunque suene a pamplinas, no es un adiós, es un hasta pronto.